THIEM CONSIGUE LO IMPOSIBLE: GANARLE AL #1

‘El que persevera alcanza’ y eso Dominic Thiem lo sabe a la perfección. Con marcas de 7-5 y 6-3.

Rafael Nadal perdió en el torneo de Madrid, en cuartos de final, en tierra. El jugador austríaco fue su verdugo. Durante un mes, en los dos torneos previos, parecía algo más que difícil. Su festival en tierra batida incluía 50 sets ganados de forma consecutiva y una sucesión casi interminable de partidos en los que el español arrasaba y el rival no tenía más que aceptar su derrota. Llegó Thiem, quizá el mejor jugador de tierra del circuito descontando a Nadal, y en una mala tarde lo ganó. La pregunta “¿quién?” tenía respuesta. Durante muchos días parecía no existir, pero sí, existió y llegó de Austria.

La suma de factores para terminar por ganar en tierra es larga, casi infinita. Solo una tarde perfecta, sumada a una por debajo de la media de Rafa, te puede llevar a la victoria. Eso es, precisamente, lo que consiguió Thiem. El austriaco, que esta temporada estaba jugando algo peor que la anterior, encontró de repente todos sus golpes hasta sacar a Nadal de la pista. No es solo que le ganase, es que lo hizo con contundencia, con autoridad. Hablar solo de Nadal sería contar solo una pequeña parte de esta historia, porque lo cierto es que esta es una victoria de Dominic Thiem, una muy merecida, además. Jugó el austriaco a su mejor nivel y se notó. Hace unas semanas, en Montecarlo, no pudo más que contemplar la superioridad de Rafa. Ahora ha aprendido la lección y su buena lectura de la situación le ha llevado a conseguir lo que antes de este torneo parecía impensable.

“Si quieres ganarle tienes que hacer algo especial, si juegas como siempre no tienes opciones”, relataba el austríaco al terminar el partido. Y tanto que es así. La manera de llegar a eso fue tajante, no le podía dejar pensar, ni respirar, todas las bolas tenían que ser arriesgadas y no podía dejarle pegar a la pelota con los dos pies parados. Esto es mucho más sencillo de escribir que de hacer, pero le salió casi a la perfección. Thiem, tanto con la derecha como con el revés, encontró las líneas, pegó fortísimo y sacó a Nadal de su ritmo habitual. “Para ganar a Nadal, especialmente en tierra, tienes que tener un día muy especial”, contaba.

Lo más curioso, además, es que Thiem ni siquiera es un jugador de esas características. Él es un jugador de tierra, muy exitoso en la superficie, y como a Nadal no le encanta tener que arriesgar. Puede hacerlo, en la pista Manolo Santana lo demostró sobradamente, pero en principio no es el estilo que mejor se le adapta. A pesar de eso, de no estar tan cómodo como podría estar de otro modo, consideró con acierto que no podía jugar a lo mismo que Rafa, porque retar al más grande en su propio terreno es algo muy parecido al suicidio deportivo.

Rafa explica la derrota con naturalidad, asumiendo que esta vez fue un poco peor y eso en el deporte significa perder. “No he sido lo suficientemente hoy, él ha sido mejor, y ahí se acaba la historia, hay días que uno no juega tan bien como le gustaría y cuando eso ocurre también es porque el rival ha jugado muy bien”. Es fácil pensar que por una derrota todo se viene abajo, pero no es así. Rafael Nadal perdió contra Dominic Thiem, pero sigue siendo el claro favorito tanto para ganar en Roma como para conseguir Roland Garros. Esto no es solo un accidente, es un partido perdido con todas las de la ley, contra un rival que fue mejor, pero no deja de ser una tarde concreta, en un torneo algo extraño para él. Por lo visto en estos meses el desenlace normal es pensar en un undécimo torneo parisino.

Ahora, eso sí, se distingue al contrincante. Hasta el momento ni siquiera se sabía eso. Thiem, después de algunas lesiones estos meses, ha vuelto a su mejor forma. En eso es el joven más capacitado para ganar a Nadal, lo ha hecho dos veces en tierra porque es un gran especialista. Ha demostrado, por lo tanto, que puede ser él, esta victoria le convierte automáticamente en el segundo mayor candidato para Roland Garros. Pero, por historial y por lo visto, sigue siendo el segundo, no el primero.

Rafa, además, perderá el número 1 del mundo. Él lo explica de un modo razonable, recordando que son cinco meses los que ha estado prácticamente sin competir -de octubre a marzo- y que es demasiada ventaja para el resto de los tenistas. Y es verdad, la lista mundial prima la regularidad y Nadal no la ha tenido en tiempos recientes. La sorpresa es mayúscula y la derrota dolorosa. Este tampoco será el año en el que Nadal complete el que puede ser su último gran reto, ganar todos los torneos de la primavera de tierra. Hay que pensar lo difícil que puede ser eso, es tan difícil, tan difícil, que ni siquiera Rafael Nadal puede conseguirlo. En tierra él es la medida de todos los demás, el más grande. Y ahora tiene un mes por delante para reivindicar su trono, ese que parece siempre intocable pero que en esta tarde de viernes en Madrid Thiem ha desafiado.